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Tener un cuerpo fuerte, flexible y consciente facilita el estado de calma

  • Foto del escritorLila

La bondad del malestar

Actualizado: 25 abr




Todo el mundo rehúye el malestar y busca el bienestar. Hemos aprendido que vivimos en la sociedad del bienestar y que nuestra máxima en la vida es encontrar o mantener ese bienestar. Preguntémonos cuánto de lo que hacemos en nuestro día a día está influenciado, en mayor o menor grado, por esa moral del bienestar. Y digo moral porque no buscar el bienestar o sentirse mal sin remediarlo es muchas veces mal visto, tachado de enfermedad mental o de una manera oscura de existir. Nuestra sociedad es una oda al bienestar. En nombre del bienestar hacemos rutinas, dietas, cursos, nos ponemos guapos, salimos a cenar, buscamos ascensos en el trabajo, devoramos pantallas, nos damos un capricho, compramos, por supuesto, compramos mucho, nos proponemos cambiar, mejorar, ser más alegres, más amables, mirar por el otro, fortalecernos, aserenarnos y un infinito etcétera. Ante el eterno retorno de la vida al caos, buscamos ese orden que nos dé la sensación de que estamos bien. Pero, seamos sinceros con nosotros mismos, no estamos bien. Y me dirás: Bueno, Lila, habla por ti, cómo no vamos a estar bien. No exageres, no te pongas densa. Estamos razonablemente bien. Claro, siempre, hay esas cositas, pero en general, estamos bien. 

Bueno… ahora que están tan de moda los retos, te propongo uno. Quédate quieto, solo, no hagas nada, no te distraigas, no hagas lo que siempre haces, detente. En serio, detén todo lo que haces habitualmente. Haz la prueba, sé consistente. Y deja que lo que está debajo tome aire en la superficie. ¿Qué ocurre entonces? Ocurre que emerge la ansiedad, la tristeza, el vacío, la angustia. Eso de lo que nunca nadie habla. Eso que los que acompañamos en el autoconocimiento y en la terapia vemos a diario. Esa realidad acorralada. Esa realidad que creemos, porque queremos, mantener a raya. Pensarás que soy pesimista pero, si todavía sigues leyéndome, si no has decidido una vez más mirar hacia otro lado, tengo algo verdaderamente luminoso que contarte, dame tiempo.



El bienestar es la otra cara de la moneda del malestar. El bienestar es el intento dramático de lograr escapar de las aguas turbulentas de la vida humana. El bienestar no es lo que realmente estás buscando, y por eso la vida no te apoya en eso. La vida apoya a la vida, en última instancia, por eso no puede apoyar un bienestar que no es más que un juego de ilusionismo para tapar la angustia que subyace, siempre, bajo capas y capas de actos compulsivos, de resortes evitativos, de intentos a la desesperada. La vida es mucho más sabia y nunca va a apoyarnos en algo tan frágil que nos sirva de tapadera temporal. Y esto, aunque suene fatídico, es el mayor regalo que nos da la existencia. A mi modo de ver, no hay que rehuir el malestar porque el malestar no es el problema. El malestar es, ante todo y por encima de todo lo demás, el trampolín más perfecto hacia la verdadera vida. Cuando la vida en la tierra salió de los mares para buscar suerte en tierra firme, lo hizo porque su mundo acuático se había vuelto incapaz de nutrirla, porque había escasez, porque era necesario el cambio. El malestar era como la campanilla que anunciaba la bendita transformación. No es en los mares donde surgió el ser humano, capaz de ser consciente de su propia vida. Fue necesaria la carencia y el caos para llegar donde estamos ahora. La evolución de la consciencia se nutre del malestar. 

No hay nada más involutivo, en realidad, que un individuo satisfecho. Que el sistema económico en el que vivimos se nutra de ese individuo involucionado, que no trasciende, que busca el confort, que alimenta la estructura económica a base de tapaderas que duran poco o nada, no significa que esa sea la manera de encontrar aquello que realmente estamos buscando. Creemos que buscamos bienestar por eso rechazamos el malestar. Pero, si te fijas bien, te darás cuenta que el malestar nos vuelve creativos, constructivos, buscadores, amantes, libertarios, compasivos, valientes, curiosos. Por el malestar sabemos que esto que llamamos vida no es la auténtica vida. Por el malestar sabemos que hay algo más que nos estamos perdiendo. Por el malestar despertamos. Por eso en cuanto sentimos algo de bienestar, si tenemos suerte, surge de nuevo el malestar, como una llamada persistente y compasiva, que nos recuerda que no hemos venido aquí para esto, que esto que llamo mi vida sería muy poco si solo se tratara de esto. Claro, porque no se trata de esto.



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