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Recordatorio necesario


Es absolutamente necesario, vital, en el sentido más directo de la palabra, poder pasar momentos compartiendo un modo de ver, de estar, de ser, que nos aleje de la identificación con el personaje que creo ser. Porque, si no, se olvida. Todo a nuestro alrededor favorece este olvido. Todo lo que nos rodea permite la identificación con el ego: tener prisa, estar ocupado, respirar en exceso, comer en exceso, hablar en exceso, correr, correr y correr, siempre tras la zanahoria. Todo ello, nos aleja de la fuente de paz y amorosidad que somos, y nos mantiene en la idea de que soy un ser especial, protagonista de mi vida, que debo protegerme y, sobre todo, y más esclavizador aún, que debo hacer siempre algo o tener algo para ser feliz, para sentirme satisfecho, realizado, para estar en paz. Pareciera que tengo que salir de mí para buscar el bienestar que anhelo. Pero igual que hay situaciones y hábitos que nos alejan de la fuente, hay otros que nos permiten recordarla. Cada uno debe encontrar sus propias vías de recordatorio, pero en general sabemos que bajar la velocidad, seguir los ritmos más lentos de los procesos naturales y dar espacio al silencio ayudan. El silencio, vale decir, no es la ausencia de ruido, sino la ausencia de identificación con la persona que creo ser, con el relato mental. Una buena forma de facilitar ese silencio es compartiendo la comprensión de que no soy el discurso mental, de que no necesito pararlo para estar bien y que la fuente de dicha no se encuentra en la detención del relato, sino en poner el foco en que yo ya soy esa fuente. Eso es meditación. Por eso, para mí, la meditación no es una técnica, la meditación es un bálsamo... [continuará].

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